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La IA y el aprendizaje automático están revolucionando industrias críticas para la seguridad, como la automotriz, la sanitaria y la aeroespacial. Estas tecnologías ofrecen una autonomía y una eficiencia excepcionales, pero integrarlas en sistemas embebidos con recursos limitados, donde la previsibilidad, la precisión y la seguridad son cruciales, puede suponer un gran desafío.
Para mitigar estos desafíos, es fundamental implementar estrategias como la poda de modelos, la congelación de modelos, muchas pruebas y una rigurosa adhesión a los estándares de seguridad funcional como ISO 26262, IEC 62304 y otros estándares de seguridad de apoyo.
La IA lo está haciendo todo más inteligente. Hace diez años, tu reloj contaba los pasos. Ahora monitoriza tu ritmo cardíaco, detecta arritmias y sabe si estás corriendo, nadando o durmiendo. Las empresas están implementando la IA en dispositivos médicos, coches, sistemas de energía... en todo. En algunas ciudades están apareciendo taxis autónomos aún más inteligentes.
Pero la IA de un monitor de actividad física no se parece en nada a los modelos gigantescos que impulsan herramientas como ChatGPT. La IA integrada implica integrar inteligencia en dispositivos con límites estrictos de espacio, energía y capacidad de procesamiento. Esto no es solo una tendencia: para 2030, se espera que el 70 % de los sistemas integrados estén habilitados para IA. El reto: obtener todos los beneficios de la IA sin desbordar el presupuesto (ni arruinar algo).
En entornos críticos para la seguridad, un pequeño retraso o imprevisibilidad puede ser catastrófico. El asistente de frenado de un coche, controlado por IA, no puede tomarse un descanso, y si se pierde un milisegundo, podría costar vidas. Desafortunadamente, los modelos de IA no son deterministas: suelen dar respuestas diferentes para la misma entrada, lo cual no es aceptable en sectores regulados como el automotriz o el aeroespacial.
La seguridad es otro problema. Interferir con las entradas para confundir a una IA, como pegar una pegatina en una señal de stop, puede engañar a un modelo, con peligros reales.
Algunos chips son mejores que otros para ejecutar IA en el borde. Las NPU integradas en el dispositivo y las TPU en el borde están liderando el camino hacia la IA integrada: más rápida, más económica y con un consumo de energía menor.
Las redes neuronales grandes son geniales, pero intenta instalar una en un dispositivo pequeño sin agotar la memoria ni la batería. Dos maneras de mantenerlo todo compacto:
Una vez que un modelo de IA se entrena, se prueba y pasa todas las verificaciones, queda “congelado”.
Las grandes empresas como Tesla bloquean sus modelos para que los automóviles no inventen nuevos movimientos sobre la marcha y se metan en problemas.
Lograr la seguridad de un sistema de IA no consiste en eliminar todos los riesgos, sino en gestionarlos. Piensa:
Debe demostrar su caso de seguridad con documentación, con normas como ISO 26262 para automoción, IEC 62304 para medicina o nuevas directrices como ISO 8800 (para IA automotriz).
Todavía es necesario probar exhaustivamente el sistema:
El futuro de la IA en sistemas integrados avanza rápidamente:
La IA está cambiando la capacidad de los sistemas embebidos, pero también plantea un gran número de preguntas sobre seguridad y cumplimiento normativo. Afortunadamente, la poda, la cuantificación, el hardware especializado, la IA explicable y los estrictos estándares de prueba y regulación están creando sistemas seguros y certificables que hacen realidad el uso de la IA en el mundo embebido. El futuro se presenta dinámico e inteligente.